FRACTURA DE ESTRÉS DEL DEPORTISTA

 

INTRODUCCIÓN

El término inglés “stress” es anterior al uso científico de la palabra, fue el Dr. Hans Seyle quien lo introdujo en medicina. En 1950 desarrolló la “teoría del estrés” como “la sobrecarga a la que está sometido el organismo a causa de estímulos demasiados intensos, unilaterales o excesivamente duraderos”.

Las primeras referencias a una patología del tipo de la fractura de estrés o de fatiga las hace Breithaupt en 1855, en relación con los pies dolorosos de los soldados del ejército prusiano (Fig. 1) tras largas marchas. Pauzat en 1887 se refirió al “síndrome doloroso de los jóvenes reclutas marcado por una proliferación perióstica de los metatarsianos”. En 1925 Deutschländer ya describe la “fractura del recluta”.

 

La fractura de fatiga, de esfuerzo o de estrés se denomina como la rotura en la continuidad de un hueso normala consecuencia de la aplicación de fuerzas repetidas subumbrales, o rotura en la continuidad de un hueso anormal a causa de la aplicación repetida de fuerzas normales. Cuando las microfracturas que se producen diariamente no tienen tiempo de curar antes de la actividad física del día anterior empieza a producirse la fractura de estrés.

Así, al correr, el impacto del pie en el suelo produce un traumatismo dañando unas cuantas células óseas realizando microfracturas, que el organismo se encargará de reparar. Si no tienen tiempo de curar antes de la actividad física del día posterior entonces se produce la fractura por sobrecarga.

Este tipo de patologías afecta significativamente a deportistas entre 20-30 años. Suponen el 10% de las fracturas en el deporte y el 16% de las lesiones en atletismo35% de las cuales asientan en el pie (II y III mtt, calcáneo, escafoides, base V mtt, sesamoideos).

 

ETIOLOGÍA DE LA FRACTURA DE ESTRÉS

Entre las principales causas están los desequilibrios biomecánicos y la descompensación, debilidad o fatiga muscular. Uno de los mayores roles de los músculos es minimizar el estrés por tensión, y debido a que el hueso soporta mejor las fuerzas de compresión que las de tensión, cuando las fuerzas de tensión se incrementan, los músculos se fatigan y esa tensión se transmite al hueso provocando una fractura por estrés. Un 60-80% de las lesiones de estrés tienen como origen un mal entrenamiento.

Causas Internas:

• Debilidad y la fatiga muscular,
• Factores predisponentes como la amenorrea
• Alteración de la estructura ósea (osteoporosis)
• Mal absorción intestinal
• Enfermedades metabólicas
• Medicamentos
• Desequilibrios biomecánicos (hiperpronación, síndrome de la pierna corta, …)

Causas Externas, son el origen del 60 – 80% de las fracturas de fatiga:

• Errores en el entrenamiento.
• Cambios en el programa de entrenamiento sin justificación.
• Sobreentrenamiento.
• Alimentación no indicada a la práctica deportiva desempeñada.
• Superficie de entrenamiento inadecuada (resbaladizas, inclinación, irregular,…).
• Calzado inadecuado.

CLÍNICA Y DIAGNÓSTICO DE LA FRACTURA DE ESTRÉS

Pero si algo caracteriza a la fractura de estrés es una clínica poco clara en los primeros estadios, donde suele haber ausencia de dolor, tumefacción y edema (Fig. 2), complicando el diagnóstico temprano. El deportista manifiesta dolor difuso que se agrava con la palpación y la actividad, y que cede con el reposo, y cuando acude a consultar han pasado días o semanas, lo que retrasará consecuentemente el tratamiento.

Tampoco ayuda la ausencia o dudosa imagen patognomónica cuando acudimos a métodos de exploración complementarios. En la Rx suele haber un retraso en las manifestaciones de 1 a 2 semanas (Fig. 3). Sólo el 28% es positivo en el primer estudio, el 50% sólo es positivo en la 12ª semana, y el 6% nunca dará positivo.

La ecografía nos ayuda a identificar y valorar la evolución de la fractura de estrés, como en las imágenes correspondientes a una fractura de estrés del 3º metatarsiano (Fig. 4, 5 y 6).

TRATAMIENTO DE LA FRACTURA DE ESTRÉS

Las medidas terapéuticas deben encaminarse a dar soluciones personalizadas, teniendo presente las características propias de la lesión, las personales, las deportivas y la combinación del tratamiento podológico con el médico y fisioterápico.

El tratamiento durará entre 6 y 8 semanas, hasta la reincorporación a la actividad deportiva:

-En una primera fase comenzamos con las medidas denominadas R.I.C.E. (reposo, hielo, compresión y elevación), Biopuntura (homotoxicología) (Fig.7), analgésico y terapia física. La inmovilización con venda de escayola no suele ser necesario, especialmente en el deportista joven y personas que no tienen alteraciones de la estructura ósea (como osteoporosis manifiesta). Quizás sea necesario el uso de muletas.

-En una segunda fase, ya se estará consolidando la fractura, e ira disminuyendo el edema y el dolor. Adaptaremos un soporte plantar a medida que permitirá caminar, siempre con precaución y progresivamente, y continuarán los tratamientos físicos y antiinflamatorios.

-La última fase constará de periodos de actividad orientada con periodos de inactividad hasta la reincorporación a la vida normal.

Esta descripción de las diferentes fases no significa que sean estancas, es decir la aplicación de los diferentes tratamientos dependerán de la fase de la lesión y de la evolución de la misma, y seguirá siempre el criterio del profesional.

La introducción del tratamiento ortopodológico lo combinaremos con la actividad en piscina (Fig. 8), especialmente en el deportista de élite o profesional, y a fin de evitar la perdida de capacidades musculares, aeróbicas y técnicas.

El tratamiento ortopodológico debe encaminarse a descargar la fractura para permitir la deambulación sin dolor, protegerla y evitar apoyos inadecuados e incontrolados, por lo cual la adaptación de una ortesis o soporte plantar depende de tantos factores que establecer un tratamiento ortopodológico estándar seria un fracaso. Así, con frecuencia, es necesario la adaptación de diferentes tratamientos según la fase evolutiva de la lesión.

En el caso de una atleta de élite con fractura de estrés del IV metatarsiano, la identificación de la fractura por RX se confirmó pasadas varias semanas. El tratamiento ortopodológico hubo que adecuarlo a la situación. Para ello elaboramos una férula con el soporte plantar a medida (Fig. 9) a fin de descargar la el 4º radio y permitir la carga y el trabajo en la piscina.

Curada la fractura, adaptaremos un soporte plantar que debe actuar controlando los factores biomecánicos que dieron origen al proceso, evitando la recidiva y protegiendo al pie de otras posibles lesiones (Fig. 10).

En ésta como en otras lesiones la regla de oro es la prevención, pues, un mínimo conocimiento de los factores que intervienen en el mecanismo de la lesión puede evitarla en gran número de casos.

Nuestro trabajo a lo largo de estos 20 años se ha visto avalado por profesionales del deporte que han conquistado la cima de sus especialidades. Hemos acompañado a campeones del mundo, de Europa, de España, de 1ª división, y por supuesto al deporte base. ¡¡Es nuestra pasión!!

“La información descrita en éstas líneas tienen una función informativa y no pueden sustituir la evaluación realizada por su podólogo en consulta”

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